¿Educan los castigos a los niños?

De un tiempo atrás nuestra sociedad parecía tener claro que el castigo era necesario para educar, por suerte parece que esta tendencia va cambiando (aunque más despacio de lo que me gustaría).

Por ejemplo, ahora nos llevamos las manos a la cabeza cuando un hombre pega a su mujer, pero hace unos años a nadie le hubiese extrañado. Yo espero que pase lo mismo con el castigo a los niños.

Niño llorando

Foto de dithedy en flickr

Desde que soy madre, me he planteado en más de una ocasión si realmente el castigo es necesario para educar. Y, en mi corta experiencia como madre, puedo decir que no. Todavía no ha llegado el día en que haya castigado a Emma por algo que haya echo y no me haya gustado. Como niña que es, quiere experimentar, investigar, comprobar sus posibilidades,… y ha hecho cosas que no me han parecido correctas, claro. Pero he preferido escoger otras alternativas al castigo que la respeten más como persona.

Un ejemplo, durante un tiempo se subía a algunos muebles bajos que tenemos. Sin embargo, ahora ya no lo hace y no hemos tenido que recurrir al castigo. Ha sido algo cansado tener que bajarla cada vez que se subía diciéndole “en el mueble no se sube, te puedes caer” u ofreciéndole una alternativa de juego para que perdiera el interés, pero hemos conseguido nuestro objetivo, que es que no se suba sin tener que recurrir al castigo.

Otro ejemplo: Durante la comida tiraba comida al suelo. Imagino que le hacía gracia comprobar la gravedad, ver como caían los alimentos o simplemente que no quería comer más y se dedicaba a jugar. Es otra cosa que ya no hace sin tener que haber recurrido al castigo. Hemos tenido que ofrecerle alternativas: si no quieres la zanahoria, la dejas en la mesa (parece que le molestaba tenerla en el plato), si no quieres más pasamos al siguiente plato…

Cuando hablo de castigo ¿A que me estoy refiriendo?

Me refiero al cachete, al grito, a la silla de pensar, al ¡vete a tu cuarto!, ¡te quedas sin parque!…

Respecto a pegar, hay que tener en cuenta que pegar a un niño es maltrato infantil, y además de estar prohibido por la ley, no tiene ningún componente educativo (si no entiendes esto no pongas comentarios, simplemente no voy a perder el tiempo contestándote).

Con los gritos, lo único que vamos a conseguir es bajar la autoestima del pequeño. Me gusta el movimiento que se ha creado con el desafío del rinoceronte naranja para tener una relación con los pequeños sin gritos. Una idea estupenda.

silla de pensar

Foto de shaggyhill en flickr

¡Ni que le fueras a causar un trauma al niño por castigarlo!

No se si podemos llegar a hablar de trauma, aunque en algún caso es posible que si, pero lo que tengo claro es que no es beneficioso para el niño. Podemos hacer del niño una persona insegura, ya que el castigo baja la autoestima. Además, la estrategia natural para evitar el castigo es la mentira. No quiero fomentar la mentira por mi forma de afrontar los problemas. El castigo también provoca miedo, y no es un sentimiento que quiero que mi hija asocie a nuestra relación.

A mi el castigo me funciona

Puede parecer que el castigo funciona, porque con el conseguimos parar la acción del niño. Pero es algo momentáneo, ya que no se profundiza en el verdadero problema:¿porque el niño se comporta de esa manera? A menudo, los niños que se portan mal, lo hacen porque se aburren, porque necesitan más atención… Con el castigo hacemos que el niño deje de molestar, pero no vamos a solucionar nada.

Un ejemplo, si un niño está en una reunión familiar larga y con pocas opciones de juego es posible que intente divertirse con los recursos que tenga a mano (saltar en el sofá, correr por la casa, jugar con el agua en el lavabo…) conductas que seguramente no son aprobadas por los padres, que castigaran al niño sin tener el cuenta el problema que lo generó (me aburro y no tengo opciones de juego). El castigo hará que el niño pare de molestar, por lo que puede parecer que sea efectivo, pero si nos encontramos en otra situación similar, seguramente se volverá a repetir la conducta (porque se aburre, el problema sigue ahí) aunque seguramente con más cuidado para que no lo pillen. Es posible que si el niño hubiera llevado juguetes, se hubiera dedicado un pequeño espacio de tiempo a jugar con él, se hubiesen realizado actividades en las que él pudiese participar… nos hubiésemos ahorrado el conflicto.

Resumiendo

Me crié con una educación autoritaria en la que se tenía que obedecer sin pensar y yo no quiero eso para mi hija. Pero tampoco quiero una educación permisiva en la que el niño es el que manda y hace lo que le da la gana convirtiéndose en un pequeño tirano con sus padres y con los demás.

Niño enfadado

Foto de Mindaugasdanys en Flickr

Según Aristóteles, la virtud está en el punto medio entre dos extremos viciosos. Creo que una educación más democrática, donde el respeto y la comunicación estén presentes, es el punto medio entre los dos estilos educativos anteriores.

Cuando se trata con niños se necesita mucha paciencia. Aunque sea más cansado, prefiero:

  • una educación más democrática en la que todos tenemos que reflexionar sobre nuestro comportamiento (no solo el niño, el adulto también)
  • una educación en la que se muestra al niño diferentes alternativas a un comportamiento que moleste a los demás o a un comportamiento más beneficioso para el mismo.

Evidentemente, esto da más trabajo que el aquí se hace lo que yo digo, pero creo que es el camino adecuado a seguir.

Sobra decir que nosotros (sus padres y los adultos que conforman su núcleo) somos el modelo para ellos, por tanto tenemos que ser un buen modelo. De nada va a servir que les ayudemos a reflexionar sobre la importancia de no hablar a gritos a los demás si nosotros no paramos de comunicarnos a voces.

No obstante, creo que hay veces que aunque no quieras castigar, se puede hacer difícil. No es fácil desaprender lo aprendido desde pequeño y en momentos de tensión fácilmente pueden venir a ti conductas aprendidas desde la infancia. Si te educaron con gritos y castigos, tendrás más dificultades en no educar sin gritos ni castigos, pero querer el cambio ya me parece un paso importante.

Padre e hija hablando

Foto de Philman en Flickr

Confío en que el tipo de educación que hemos elegido, haga de mi pequeña una persona más autónoma y responsable.

No creo en el “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”. Creo que tenemos que ser empáticos con los niños y ponernos en su lugar. Tratarlos como nos gusta que nos traten a nosotros mismos, con justicia, sin gritos, sin humillaciones y por supuesto sin castigo físico ni psíquico.

Respondiendo a la pregunta ¿Educan los castigos a los niños? en mi opinión no.

Lo que quiero para mi hija es que crezca feliz teniendo una buena relación con nosotros y con el resto del mundo. Así que una educación libre de castigos ¡A la mochila de mi peque!

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