La inteligencia emocional en los niños

Últimamente está de moda hablar de la inteligencia emocional, pero ¿qué es y porqué es tan importante para el desarrollo integral del niño?

Llanto

Foto de Adolfo Honorato en Flickr

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional son las habilidades psicológicas que se necesitan para identificar y expresar de manera adecuada las propias emociones y empatizar con las de los demás. Es importante saber utilizar estas habilidades para tener buenas relaciones personales.

Tenemos inteligencia emocional cuando somos capaces de identificar las diferentes emociones o estados de ánimos que sentimos, el porqué de esos sentimientos y cómo expresarlos y gestionarlos de manera apropiada.

¿Qué son las emociones?

Una emoción es un proceso que se activa cuando el organismo detecta algún peligro, amenaza o desequilibrio con el fin de poner en marcha los recursos a su alcance para controlar la situación.

–Fernández-Abascal y Palmero, 1999.

En función de la emoción o sentimiento que sintamos, nuestro cuerpo responderá de diferente manera. No será la misma respuesta ante el miedo, que con la alegría o la tristeza.

Rabieta

Foto de sean dreilinger en Flickr

Tipos de emociones

Las principales emociones son seis y, en función de cómo nos adaptamos a estas, tienen diferentes funciones:

  • Miedo:  anticipación de una amenaza o peligro. Nos produce ansiedad, inseguridad… El miedo nos sirve para apartarnos de un peligro y actuar con precaución. La respuesta ante el miedo sería la protección
  • Sorpresa: sobresalto, asombro, desconcierto. La sorpresa nos ayuda a saber que hacer ante una situación nueva. La respuesta ante la sorpresa sería orientarnos frente a la nueva situación.
  • Aversión: Asco, repulsa, antipatía… La aversión sirve para alejarnos del objeto o situación que nos produce aversión. La respuesta ante la aversión sería el rechazo hacia aquello que tenemos delante.
  • Ira: rabia, indignación, resentimiento, furia, irritabilidad, enfado… En función de la respuesta que tengamos ante la ira, nos puede ayudar a hacer algo para resolver un problema o cambiar una situación difícil, o puede suponer riesgos de inadaptación si se expresa de manera inadecuada. La ira suele inducirnos a la destrucción. Deseamos destruir o cambiar la situación que nos hace sentir mal.
  • Alegría: diversión, entusiasmo, diversión, risa, euforia, gratificación, sensación de bienestar, de seguridad. La alegría suele inducirnos hacia la reproducción. Deseamos reproducir aquel suceso que nos hace sentir bien.
  • Tristeza: pena, soledad, pesimismo, melancolía… La tristeza nos sirve para pedir ayuda. La respuesta de la tristeza sería motivarnos hacia una nueva reintegración personal.

¿Podemos ayudar a los niños a identificar las emociones?

Es muy importante saber expresar las emociones. A veces los adultos, por incomodidad ante determinadas respuestas emocionales de los niños, tendemos a decirles que no expresen su emoción (“no llores” o “no estés triste”). Con esta actitud estamos dando dos mensajes al niño. El primero que reprima sus emociones, y el segundo que hay emociones que socialmente no están aceptadas. Es importante señalar que todas las emociones son válidas y necesarias para nuestra supervivencia. las emociones no son buenas o malas, y aunque las podamos clasificar en emociones que proporcionan bienestar o malestar, todas ellas realizan una función importante para la vida.

Las de carácter negativo, retenidas o mal expresadas, pueden desencadenar en problemas mayores. Por esa razón es importante aprender a no reprimirlas y a responder ante ellas de manera adecuada. Para conseguirlo, lo primero será aprender a identificar los diferentes estados emocionales.

Niño enfadado

Foto de Mindaugasdanys en Flickr

¿Qué podemos hacer para ayudar a identificar los sentimientos?

Nosotros hemos empezado a ayudar a nuestra peque a identificar sus sentimientos desde una edad muy temprana. Quizás por eso, desde que cumplió los 3 años, nos sorprende cuando nos explica mejor que algunos adultos cómo se siente.

A los bebés (sobre los 6 meses) les encanta mirar fotografías de otros niños. Las caras expresan emociones y para ellos, las expresiones faciales son el medio más importante que tienen para entender las emociones.

En nuestro caso, más o menos a partir de los seis meses, empezamos a mirar con Emma cuentos donde se tratara el tema de las emociones. Elegimos cuentos con fotografías ya que en esta etapa es más motivador para el niño que mirar dibujos, por muy simples que sean. Algunos de los cuentos que elegimos fueron Quina emoció! de la lluna de paper:

Quina Emoció, La lluna de Paper

Los sentimientos, de Imaginarium,


y su álbum de fotos personalizado.

album fotos bebe.

A medida que íbamos mirando las expresiones de los diferentes estados de ánimo, íbamos hablando sobre que podía haber desencadenado ese sentimiento relacionado con las cosas que sabíamos que ponían contenta, triste, enfadada….

Además de mirar cuentos, también hemos ido poniendo nombre a las emociones que nosotros mismos hemos sentido, ya que el adulto es el modelo y los niños aprenden por imitación. Por ejemplo, a mi me gusta mucho bailar con mi peque, y cuando lo hacemos, le puedo decir: “Estoy muy contenta. me gusta mucho bailar contigo”. O si, por ejemplo, yo quería hacer algo como ir con ella y papá al parque y no podía porque tenía cosas que hacer en casa, le puedo decir: “Estoy triste porque me apetece ir con vosotros al parque y no puedo”.

Y hasta que ella no ha sido capaz de hacerlo, nosotros le hemos ayudado a poner nombre a las diferentes emociones que iba sintiendo. Cuando veíamos que estaba contenta, enfadada, nerviosa,.. le íbamos diciendo si se sentía así y dábamos opciones de porque se sentía así. Por ejemplo, a nuestra peque le encanta ir a ver a sus primos, se pone muy contenta, así que cuando íbamos a verlos o cuando estábamos con ellos y manifestaba alegría, le decíamos “¿estás contenta porque estamos con los primos?”

Expresar las emociones, hablar de cómo nos sentimos, nos ayuda a pensar y actuar de la manera más adecuada. Si compartimos nuestras emociones, sean las que sean, nos sentiremos mejor y encontraremos ayuda en los demás. Por eso desde pequeña, hemos ido trabajando este aspecto en nuestro día a día.

Una vez que tenemos identificado el sentimiento, la manera en que le damos respuesta a esa emoción es la otra habilidad importante para la gestión de las emociones.

Jugando a juegos de falda

¿Cómo respondemos ante los diferentes sentimientos?

Como en casi todo, el niño aprende por imitación. Por eso, para conseguir que el niño
aprenda a manejar adecuadamente sus emociones es necesario que los adultos sean capaces de poder regular y controlar sus estados emocionales. De esta manera, facilitaremos que los niños lo aprendan y  lo desarrollen de una manera adecuada. Por ejemplo, si la respuesta del adulto ante el enfado es romper cosas, el niño aprenderá que romper cosas cuando se está enfadado es válido.

Como adultos podemos ofrecer al niño recursos para gestionar sus emociones. Es importante transmitir al niño que todos podemos aprender estrategias que nos ayuden a guiar y expresar nuestras emociones. Siempre podemos elegir qué hacer con las diferentes emociones que sentimos. Por ejemplo podemos gritar y golpear cosas cuando estamos enfadados o podemos buscar alternativas para descargar el enfado que no nos dañen ni a nosotros ni a los demás.

En mi caso, una asignatura pendiente era la de no gritar cuando me enfadaba. Las veces que no me he sabido controlar y he gritado, además de sentirme fatal, luego he reflexionado con mi peque sobre que gritar no está bien y que no tiene que permitir que nadie le grite. Eso me ha ayudado en dos cosas, una mostrarle a mi peque que el gritar no es una respuesta válida ante el enfado, y otra a darme cuenta de cuando estaba gritando y parar, ya que ella me decía que no se grita. Tenía claro, que si no quería que mi peque gritara cuando se enfadara yo era la primera que tenía que cambiar. Por eso busqué estrategias para relajarme ante situaciones estresantes (que con una niña pequeña y las rutinas diarias no son pocas). Así que a veces, cuando estoy en casa un poco desbordada y me entran ganas de pegar un grito, pongo música para relajarme y ver las cosas desde otra perspectiva. A veces es una canción tranquila y otras una bien marchosa para bailar, descargar tensión y cambiar el estado de ánimo.

Es importante no reprimir las emociones. Las emociones de carácter negativo como el miedo, el enfado o la tristeza nos incomodan y, como he comentado antes, solemos pedirle a los niños que no se enfaden, que no tengan miedo, que no lloren… Pero las emociones no se eliminan, tienen que vivirse gestionando nuestras reacciones. Enseñar a controlar las emociones es diferente a reprimirlas. Por eso, es importante que el niño aprenda a expresarlas de acuerdo con el momento, la situación  y las personas presentes. Esta habilidad se puede aprender aprovechando cada momento cotidiano, tanto en casa como en la escuela.

Una estrategia que a nosotros nos funcionó fue buscar alternativas no destructivas ante el enfado. Hubo un momento en el que nuestra peque reaccionaba intentando pegar o morder cuando no le dejábamos hacer alguna cosa. Generalmente pactamos muchas cosas, pero hay veces en las que se tienen que hacer determinadas cosas y no se puede pactar. Todos los niños pasan por esa etapa de frustración y, al no tener todavía los suficientes recursos para expresarse verbalmente, lo hacen físicamente. En el momento del enfado es difícil poder hablar de ello. Es más funcional esperar a que el enfado haya pasado y hablar sobre el tema: qué es lo que nos ha gustado, qué es lo que no, que podríamos haber hecho de manera diferente… Nosotros buscamos la alternativa de cantar canciones cuando estábamos enfadados para tranquilizarnos. Una vez tranquila es capaz de poder expresar los sentimientos y poder buscar soluciones. A veces se puede llegar a acuerdos en los que las dos partes estemos contentos. He de decir que nos funcionó bastante bien y durante un tiempo, cuando Emma se enfadaba mucho, ella sola se ponía a cantar alguna canción infantil. Ahora ya no lo hace, pero también es capaz de volver a la calma más rápidamente. Ahora necesita un espacio de tiempo para calmarse, y así se lo decimos, cuando estés más tranquila, nos avisas y hablamos.

Está claro que como en todo, los niños se irán formando en la madurez emocional a medida que los adultos les enseñen y practiquen con ellos. Por todo lo que te he explicado, ayudar a los niños a identificar y gestionar las emociones, ¡A la mochila de mi peque!

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